Las seis misiones
Cada misión abre otras fuentes
ordena distinto el catálogo
y termina en otro documento
Cada misión abre otras familias de fuente, ordena distinto el catálogo y termina en otro documento. La deduce el motor de la frase con la que llega el caso, y la deja anotada con su confianza: queda a la vista y se corrige, como cualquier otro dato.
Le pone nombre al alias
La identidad se prueba con una señal dura independiente del parecido: el mismo teléfono en dos fuentes que no se conocen entre sí, una contraseña rara compartida, una IP residencial.
Sigue el dinero
Salto por salto, con las contrapartes ordenadas en nueve categorías, los mezcladores marcados y los puentes entre cadenas. Por defecto tres saltos y doce ramas, y se puede subir.
Lo coteja contra las listas
Si el sujeto, la sociedad o la billetera quedan alcanzados, y por cuál lista. Una contraparte sólo levanta el riesgo si mueve volumen material o si su atribución está verificada.
Mira quiénes figuran
Desde cuándo figura cada uno, qué sociedades comparten domicilio y qué persona aparece en dos estructuras que en el papel no se conocen.
Abre lo que quedó expuesto
Dominios, credenciales expuestas e infraestructura reutilizada. Cada dirección llega con su veredicto —red privada virtual, centro de datos, red móvil o residencial— y sólo la residencial cuenta como señal dura.
Reúne lo que hay publicado
Lo que ya está publicado sobre una persona buscada, cada dato con su procedencia y el momento en que se vio. No es seguimiento en el terreno ni localización física: eso no lo hacemos.
Sin localización física
Y lo que trae el analista
Los datos propios entran al mismo grafo
CSV, Excel y volcados forenses de teléfono entran como una siembra más. El analista elige la clave de identidad: por documento, dos homónimos son dos personas; por nombre, una sola. Antes de escribir un solo dato declara cuántas filas son nuevas, cuántas ya estaban y cuáles se descartan y por qué.
Un caso puede ser una organización
Varios objetivos en el mismo grafo, cada uno con su propia ancla de identidad: la evidencia que confirma a uno no confirma al otro. El informe sale como un documento único, con una sección de cómo se relacionan entre sí, y declara también los pares que no comparten nada.
Quién trae estos casos
Lo que se firma
El informe lo firma el analista
Tiene que sostenerse cuando
alguien pregunte de dónde salió
No lo lee el motor. Lo lee quien lo recibe —un superior, un cliente, un juez—, y por eso cada afirmación llega con el camino que la produjo.
De dónde salió cada dato
Un botón reconstruye la ruta paso a paso, del objetivo hasta ese dato: qué fuente, qué encontró al expandir qué, la evidencia textual, y qué señal dura lo sostiene o cuál falta. No gasta una consulta nueva y funciona sobre casos ya guardados.
Lo descartado también queda escrito
El ruido no se borra: queda con el motivo por el que se descartó. Y lo dudoso sale marcado como dudoso, con qué falta para confirmarlo.
Una sola vara para medir
El informe usa una escala de probabilidad cerrada —de casi seguro a muy poco probable— y tiene prohibido el «posiblemente». Dos informes de dos casos distintos se leen con la misma vara.
El caso se lleva entero
Documento, CSV o JSON, con la procedencia de cada dato. El grafo vive en la sesión; lo que se guarda viaja cifrado de extremo a extremo.
Cinco cierres sobre el mismo grafo
El pericial escribe para que un tercero audite el camino. El policial, para quien tiene que decidir una medida: cadena de atribución salto por salto, al menos dos hipótesis alternativas, y cada vacío con la vía por la que se obtiene. El mismo grafo re-redacta los cinco sin volver a consultar nada.
Y el caso no termina con el informe
Cerrado el expediente, el objetivo queda marcado y el rastreo sigue, 24/7. Si aparece un dato nuevo entra al mismo grafo: reabrir el caso no es rehacer el recorrido.
La prueba
Una prueba
con un dato real
Una investigación completa, con el mismo motor que corre en producción, sobre un dato que elige el cliente, y el expediente vuelve entero.